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• Madrid no fue una excepción al modelo de ciudad dominante en la Edad Media,
contando para su defensa con murallas, torres defensivas y sistemas ópticos
de comunicación.
• Es más, tuvo dos murallas, una de época árabe y otra posterior cristiana. La
primera muralla se construyó durante el emirato de Muhammad I, entre el año
850 y el 866, coincidiendo con el momento fundacional de la ciudad como una más
de las fortalezas que integraban el sistema defensivo de la Marca Media, pues
contaba con una ventajosa situación geográfica.
• En el siglo X el califa de Córdoba Abd al Rahmman III -Abderramán III- mandó
reforzar la muralla debido a las incursiones militares cristianas, como la
protagonizada por Ramiro II en el año 932. Esta muralla envolvía un perímetro
urbano de 4 hectáreas, constituido por el alcázar y la almudaina, y los accesos se
realizaban a través de tres puertas (de la Vega, de Santa María y de la Sagra).
• Tras la conquista de Toledo en el año 1085 por Alfonso VI, rey de Castilla y
León, ciudades y fortalezas como Guadalajara, Rivas, Uceda y Madrid capitularon
sin oponer resistencia. Al no estar asegurado el control de las fronteras con los
árabes en la submeseta sur, Madrid siguió desempeñando su papel de fortaleza,
razón por la que a lo largo del siglo XII se construyó una nueva muralla
aprovechando las defensas existentes de la época árabe. Este nuevo recinto
amurallado, conocido como muralla cristiana, encerraba una superficie de algo
más de 33 hectáreas y contaba con cuatro puertas de acceso, llamadas de
Guadalajara, de Balnadú, de Moros, y Cerrada. A diferencia de la muralla árabe,
la nueva muralla encerraba en su perímetro los barrios que habían constituido la
antigua medina.
• Quedan muy pocos restos de estas murallas, demolidas en gran medida durante
el siglo XVI. De la muralla árabe quedan algunos vestigios en el Parque de
Mohammed I, y algunos lienzos de la cristiana en la calle de los Mancebos, del
Almendro, Cava Baja, Mesón de Paños, Escalinata y poco más.