de dos premisas fundamentales: La piedra angular del tratamiento es la modificación del estilo de vida (alimentación y actividad física), de tal manera que cualquier otra medida (fármacos, cirugía, etc.) debe acompañar siempre a esta modificación de hábitos. La eficacia de los tratamientos médicos o quirúrgicos sólo se ha demostrado cuando va ligada a estas modificaciones. Si entendemos la obesidad como una patología crónica, el tratamiento debe mantenerse de forma permanente. Para conseguir este cambio de hábitos y de forma prolongada, hay que marcar unas metas realistas y asumibles para el paciente. En este sentido, la prohibición absoluta de todas las bebidas alcohólicas de manera permanente, basada en la teoría del aporte calórico que suponen, al margen de su posible justificación desde un punto de vista termodinámico, es poco sostenible para la inmensa mayoría de los obesos españoles. Resulta más realista asumir que el obeso va a tomar alguna bebida alcohólica y, desde esta perspectiva, intentar regular el consumo. En nuestra cultura, las bebidas alcohólicas más consumidas habitualmente son las fermentadas (vino y cerveza). A diferencia de las bebidas destiladas, este tipo de bebidas, además de alcohol, contienen una serie de nutrientes cuyo aporte puede resultar positivo. Conceptos generales Concepto de consumo moderado Junto a su papel como fuente de hidratación (más de un 90% es agua), se han descrito otros efectos beneficiosos de la cerveza derivados de los distintos nutrientes que contiene. Posiblemente, uno de los más acreditados sea su positivo impacto en la mineralización ósea como consecuencia, además del efecto del consumo moderado de alcohol, del elevado aporte de silicio(2,3). Este alto contenido en silicio, superior al del vino o los licores, es específico de la cerveza. Además, podría influir favorablemente en la prevención de patologías cerebrales degenerativas como la enfermedad de Alzheimer, al interaccionar con el aluminio(4,5). Las bebidas alcohólicas aumentan los niveles de colesterol HDL. En el caso de la cerveza, se podría sumar algún efecto especifico propio de su aporte de vitaminas y se ha descrito en la población española un beneficio sobre el perfil lipídico y, por tanto, sobre el riesgo cardiovascular(6). Asimismo, la cerveza, igual que otras bebidas fermentadas, podría tener un efecto protector sobre el desarrollo de colelitiasis, quizás a través de su efecto sobre los niveles de colesterol(7). Incluso podría actuar modulando el sistema inmunitario(8). Beneficios de la cerveza en la salud El aporte calórico puede variar según los distintos tipos de cerveza y su contenido en hidratos de carbono, pero oscila en torno a las 45 kcal/100 mL de la cerveza tradicional y las 17 kcal/100 mL de la cerveza sin alcohol. Esto significa que la ración estándar (botellín) contiene unas 90 kcal y la sin alcohol 34 kcal. La cerveza aporta, además, otros principios inmediatos como proteínas (alrededor de 0,4 g/100 mL) y carbohidratos (entre 2,5 y 5 g/100 mL), algunos en forma de fibra soluble, pero no contiene ningún tipo de lípido. Especialmente interesante resulta su contenido en minerales: presenta una concentración de fósforo superior al de otras bebidas y una gran cantidad de silicio, que la convierte, junto con el plátano, en la principal fuente dietética de este mineral y que parece justificar sus beneficiosos efectos sobre la densidad ósea. Tiene una cantidad escasa de sodio (inferior al pan y similar al agua) y contiene potasio, con una relación potasio/sodio muy favorable para el control tensional. Además, supone una fuente de vitaminas del grupo B (niacina, piridoxina y riboflavina) y folatos. Por otro lado, la cerveza podría poseer beneficios exclusivos, al ser la única fuente dietética de lúpulo. El lúpulo posee polifenoles (flavonoides) con actividad antioxidante y efectos beneficiosos sobre el envejecimiento y el riesgo cardiovascular. Este efecto se sumaría al de los antioxidantes provenientes de la malta (cebada) de la cerveza, que globalmente convierten a la cerveza en una importante fuente de antioxidantes naturales. Composición de la cerveza Se considera consumo moderado a la ingesta de 2 o 3 cervezas al día para los hombres y 1o 2 para las mujeres. Los efectos para la salud son opuestos cuando el consumo aumenta(1). Por supuesto, su consumo se contempla siempre en el caso de un adulto sano y fuera de la gestación, y nunca antes de conducir o manejar maquinaria peligrosa.