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Cerveza y salud

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February 08, 2012
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Cerveza y salud

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February 08, 2012

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  1. Manuel Gargallo Sección de Endocrinología y Nutrición Hospital Virgen de

    la Torre. Madrid Alejandro Sanz Servicio de Endocrinología y Nutrición Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza Fernando Goñi Servicio de Endocrinología y Nutrición Hospital de Basurto. Bilbao Papel del consumo de cerveza en el tratamiento dietético del obeso Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad Avalado por
  2. Dentro del enfoque terapéutico de la obesidad, hay que partir

    de dos premisas fundamentales: La piedra angular del tratamiento es la modificación del estilo de vida (alimentación y actividad física), de tal manera que cualquier otra medida (fármacos, cirugía, etc.) debe acompañar siempre a esta modificación de hábitos. La eficacia de los tratamientos médicos o quirúrgicos sólo se ha demostrado cuando va ligada a estas modificaciones. Si entendemos la obesidad como una patología crónica, el tratamiento debe mantenerse de forma permanente. Para conseguir este cambio de hábitos y de forma prolongada, hay que marcar unas metas realistas y asumibles para el paciente. En este sentido, la prohibición absoluta de todas las bebidas alcohólicas de manera permanente, basada en la teoría del aporte calórico que suponen, al margen de su posible justificación desde un punto de vista termodinámico, es poco sostenible para la inmensa mayoría de los obesos españoles. Resulta más realista asumir que el obeso va a tomar alguna bebida alcohólica y, desde esta perspectiva, intentar regular el consumo. En nuestra cultura, las bebidas alcohólicas más consumidas habitualmente son las fermentadas (vino y cerveza). A diferencia de las bebidas destiladas, este tipo de bebidas, además de alcohol, contienen una serie de nutrientes cuyo aporte puede resultar positivo. Conceptos generales Concepto de consumo moderado Junto a su papel como fuente de hidratación (más de un 90% es agua), se han descrito otros efectos beneficiosos de la cerveza derivados de los distintos nutrientes que contiene. Posiblemente, uno de los más acreditados sea su positivo impacto en la mineralización ósea como consecuencia, además del efecto del consumo moderado de alcohol, del elevado aporte de silicio(2,3). Este alto contenido en silicio, superior al del vino o los licores, es específico de la cerveza. Además, podría influir favorablemente en la prevención de patologías cerebrales degenerativas como la enfermedad de Alzheimer, al interaccionar con el aluminio(4,5). Las bebidas alcohólicas aumentan los niveles de colesterol HDL. En el caso de la cerveza, se podría sumar algún efecto especifico propio de su aporte de vitaminas y se ha descrito en la población española un beneficio sobre el perfil lipídico y, por tanto, sobre el riesgo cardiovascular(6). Asimismo, la cerveza, igual que otras bebidas fermentadas, podría tener un efecto protector sobre el desarrollo de colelitiasis, quizás a través de su efecto sobre los niveles de colesterol(7). Incluso podría actuar modulando el sistema inmunitario(8). Beneficios de la cerveza en la salud El aporte calórico puede variar según los distintos tipos de cerveza y su contenido en hidratos de carbono, pero oscila en torno a las 45 kcal/100 mL de la cerveza tradicional y las 17 kcal/100 mL de la cerveza sin alcohol. Esto significa que la ración estándar (botellín) contiene unas 90 kcal y la sin alcohol 34 kcal. La cerveza aporta, además, otros principios inmediatos como proteínas (alrededor de 0,4 g/100 mL) y carbohidratos (entre 2,5 y 5 g/100 mL), algunos en forma de fibra soluble, pero no contiene ningún tipo de lípido. Especialmente interesante resulta su contenido en minerales: presenta una concentración de fósforo superior al de otras bebidas y una gran cantidad de silicio, que la convierte, junto con el plátano, en la principal fuente dietética de este mineral y que parece justificar sus beneficiosos efectos sobre la densidad ósea. Tiene una cantidad escasa de sodio (inferior al pan y similar al agua) y contiene potasio, con una relación potasio/sodio muy favorable para el control tensional. Además, supone una fuente de vitaminas del grupo B (niacina, piridoxina y riboflavina) y folatos. Por otro lado, la cerveza podría poseer beneficios exclusivos, al ser la única fuente dietética de lúpulo. El lúpulo posee polifenoles (flavonoides) con actividad antioxidante y efectos beneficiosos sobre el envejecimiento y el riesgo cardiovascular. Este efecto se sumaría al de los antioxidantes provenientes de la malta (cebada) de la cerveza, que globalmente convierten a la cerveza en una importante fuente de antioxidantes naturales. Composición de la cerveza Se considera consumo moderado a la ingesta de 2 o 3 cervezas al día para los hombres y 1o 2 para las mujeres. Los efectos para la salud son opuestos cuando el consumo aumenta(1). Por supuesto, su consumo se contempla siempre en el caso de un adulto sano y fuera de la gestación, y nunca antes de conducir o manejar maquinaria peligrosa.
  3. onclusiones En la mentalidad popular, la toma de bebidas alcohólicas

    y, en particular de cerveza, se ha asociado con la obesidad. En concreto, esta bebida se ha vinculado a la obesidad abdominal, generándose el típico término de “tripa cervecera”, que no es exclusivo de nuestra cultura, sino que también aparece en otras lenguas con la expresión inglesa beer belly. Sin embargo, la relación alcohol-obesidad no está unánimemente demostrada en la literatura médica, con resultados dispares entre los distintos estudios(9). En el caso concreto de la cerveza, existen escasos trabajos sobre los efectos de un consumo moderado y la obesidad. Un estudio checo sobre la relación del consumo moderado de cerveza y el índice de masa corporal (IMC) o la circunferencia de la cintura (CC) apenas encontró una débil asociación(10). Otro estudio madrileño de intervención antes y después de un periodo de consumo de cerveza tampoco encontró relación de la ingesta moderada con modificaciones en el IMC o la CC(11). Hay que tener en cuenta que el incremento del aporte calórico que se pueda observar en los consumidores de cerveza no es tanto por la toma de cerveza en sí como por los aperitivos. Relación entre cerveza y obesidad Dentro de la estrategia global de reducción del consumo calórico, se debe prescribir una disminución de la toma de cerveza o su sustitución por cerveza sin alcohol, teniendo en cuenta que constituye una importante fuente de hidratación en el tratamiento del obeso. Es conveniente que no se utilice la cerveza para calmar la sed, sino para degustarla. De esta forma se limita su consumo. Una recomendación práctica sería que, si se tiene sed, primero se tome un vaso de agua y luego la cerveza. Hay que tener en cuenta que la idea de que “la cerveza sin alcohol no engorda” es errónea. La llamada cerveza sin alcohol contiene una mínima parte de alcohol y una serie de hidratos de carbono que, globalmente, aportan un total de unas 7- 14 kcal/100 mL. Es decir, no se debe consumir libremente, sino controlando las cantidades. En lo que se refiere a un concepto cada vez más extendido en las dietas de la obesidad como son el índice glucémico (IG) y la carga glucémica (CG), hay que saber que la cerveza tiene un elevado IG: 66. No obstante, su CG, que tiene en cuenta la cantidad total de glúcidos por ración habitual y es, por lo tanto, más significativo, es sólo de 6, debido a su baja concentración de carbohidratos por ración. En comparación, un zumo de naranja tendría un IG de 53, pero una CG de 10(12). Uno de los factores a tener en cuenta en el consumo de cerveza es el hecho de que, en nuestra cultura, esta bebida se asocia habitualmente a la típica “tapa”. Así, en algunos estudios la relación de la cerveza con la obesidad no era tanto por el consumo de la cerveza en sí como por los productos acompañantes. Por lo tanto, es importante evitar alimentos ricos en grasas como acompañamiento de esta bebida. En su lugar, se pueden consumir “vinagretas” como pepinillos, cebolletas, anchoas o piparras. Implementación del consumo de cerveza en el tratamiento dietético del obeso En el tratamiento dietético del obeso es ineludible asumir de antemano el más que probable consumo de bebidas fermentadas por parte del paciente, tan arraigadas en nuestra cultura. Ante esta situación, lejos de recurrir a una prohibición radical y poco realista del consumo de este tipo de bebidas, lo más práctico es transmitir al paciente una serie de pautas que le permitan mantener de alguna forma este hábito, sin que por ello se comprometa el tratamiento de su obesidad. Por otro lado, existen cada vez más datos que apoyan un papel beneficioso desde el punto de vista nutricional del consumo moderado de cerveza. Algunas ideas fundamentales para transmitir al obeso son: Mantener siempre el consumo de esta bebida dentro de lo que se ha definido como consumo moderado. Tomarla tras haber calmado la sed con una bebida no calórica (agua, infusión). Intentar sustituirla en la mayoría de los casos por cerveza sin alcohol. Ofrecer unas pautas de intercambio calórico para cuando se consuma cerveza. Controlar el aporte de productos hipercalóricos, que pueden acompañar al consumo de cerveza.
  4. 1. Di Castelnuovo A, Costanzo S, Bagnarid V, et al.

    Alcohol dosing and total mortality in men and women: an updated metaanalysis of 34 prospective studies. Archives of Internal Medicine 2006; 166: 2437-45. 2. Tucker KL, Jugdaohsingh R, Powell JJ, Qiao N, Hannan MT, Sripanyakorn S, Cupples LA, Kiel DP. Effects of beer, wine, and liquor intakes on bone mineral density in older men and women. Am J Clin Nutr 2009; 89: 1188-96. 3. Pedrera JD, Lavado JM, Roncero R, Calderón J, Rodríguez T, Canal M. Effect of beer drinking on ultrasound bone mass in women. Nutrition 2009; 10: 1057-63. 4. González-Muñoz MJ, Meseguer I, Sánchez- Reus MI, Schultz A, Olivero R, Benedí J, Sánchez-Muñiz FJ. Beer consumption reduces cerebral oxidation caused by aluminum toxicity by normalizing gene expression of tumor necrotic factor alpha and several antioxidant enzymes. Food and Chemical Toxicology 2008; 46: 1111-8. 5. González-Muñoz MJ, Peña A, Meseguer I. Role of beer as a possible protective factor in preventing Alzheimer’s disease. Food and Chemical Toxicology 2008; 46: 49-56. 6. Romeo J, González-Gross M, Wärnberg J, Díaz LE, Marcos A. Effects of moderate beer consumption on blood lipid profile in healthy Spanish adults. Nutrition, Metabolism & Cardiovascular Diseases 2008; 18: 365-72. 7. Leitzmann MF, Tsai CJ, Stampfer MJ, Rimm EB, Colditz GA, Willett WC, Giovannucci EL. Alcohol consumption in relation to risk of cholecystectomy in women. Am J Clin Nutr 2003; 78: 339-47. 8. Romeo J, Wärnberg J, Díaz LE, González- Gross M, Marcos A. Effects of moderate beer consumption on first-line immunity of healthy adults. Journal of Physiology and Biochemistry 2007; 63: 153-9. 9. Suter PM, Hasler E, Vetter W. Effects of alcohol on energy metabolism and body weight regulation: is alcohol a risk factor for obesity? Nutr Rev 1997; 55: 157-71. 10. Bobak M, Skodova Z, Marmot M. Beer and obesity: a cross-sectional study. Eur J Clin Nutr 2003; 57: 1250-3. 11. http://www.glycemicindex.com/ 12. http://www.cervezaysalud.com Tél.: 91 383 30 32 Bibliografía