Ser Humano defi nimos la corporeidad como la ‘vivenciación del hacer, sentir, pensar y querer’ de manera que podemos identifi car corporeidad con humanes (Zubiri, 1986), ya que el ser humano es y se vive sólo a través de su corporeidad.” (Trigo Aza, 1999) Manuel Sergio (1996) defi ne la corporeidad como “condición de presencia, participación y signifi - cación del hombre en el mundo”. Este cuerpo, entendido como expresión factual del ser, toma el estado y el proceso. El “estado”, en tanto que es expresión de un código genético, de unas carac- terísticas químicas, físicas, anatómicas y energéticas. El “proceso”, en tanto que él se manifi esta en las conductas sociales, afectivas, cognitivas y motrices que posibilitan el aprendizaje, la educación y por tanto defi nen al ser humano frente a otros seres. La persona se manifi esta a través y con su cuerpo, pero esas manifestaciones –emociones, senti- mientos, pensamientos– son parte de ese cuerpo (científi camente ya se ha encontrado la locali- zación cerebral de los sentimientos –Damasio, 1995–). Hablar del cuerpo en toda su amplitud es trascender el sistema orgánico, para entender y comprender al propio humanes. El ser posee un cuerpo, pero no es un cuerpo exclusivamente objetual, es un cuerpo que vive, que es expresión. “El Humanes ya no sólo ‘posee’ un cuerpo (qué sólo hace), sino que su existencia es corporeidad, y la corporeidad de la existencia humana implica hacer, saber, pensar, sentir, comunicar y querer.” (Trigo Aza, 1999) Luego del breve recorrido realizado por estas posturas, es posible confi rmar a la Educación Física como una disciplina pedagógica que contribuye a la construcción de la corporeidad y motricidad, con fuerte consideración de los contextos socioculturales en los que ejerce su acción, en constante refl exión sobre su propia identidad disciplinar y sobre las estrategias de intervención necesarias para que dicha contribución sea posible. Actualmente, existe conciencia o al menos se puede pensar y poner en debate, el derrumbe del modelo biologista-reduccionista-positivista como modelo paradigmático en la ducación física. Demasiadas veces ésta “reproduce un discurso tradicional de lo que fue la Educación Física hasta mediados del siglo XX. Los ejercicios construidos, driles, progresiones, tanto así como el lenguaje de rendimiento y efi ciencia que son manifestaciones de una exterioridad excesivamente mecanicista”. (Galantini, 2000) Se hace necesario, entonces, trascender el paradigma simplifi cador, capaz de explicar unidimensio- nalmente las transformaciones empírico-objetales de un organismo, y considerar la complejidad de las transformaciones de un ser humano, donde la explicación sólo es posible bajo un paradigma que hable del ser que piensa, siente, se relaciona y se mueve para ser humano. Se debiera comenzar por aceptar la diversifi cación y adecuación de las prácticas de Educación Fí- sica, dando cabida a las necesidades de todas las personas que desean desplegar su disponibilidad corporal y motriz y desenvolverse en su sabiduría de vivir en cualquier contexto, sin hacerla depen- diente de modelizaciones motrices hegemónicas, institucionalizadas y naturalizadas. Hace falta para ello, al decir de Bracht (1996), “unir la vigilancia epistemológica a la vigilancia democrática”. Se presenta, así, un desafío importante para la formación docente: la superación del estudio fragmentado del cuerpo por la de un planteo didáctico que permita integrar de modo holístico el estado y el proceso. En síntesis, la corporeidad y sus formas de abordaje pedagógico- didáctico.