excesivo de grasa corporal, como consecuencia de un ingreso calórico superior al gasto energético del individuo. Así, la obesidad no es definida a partir de la ganancia de peso, sino a través del tamaño de uno de sus componentes: el tejido adiposo. Y se considera que un individuo tiene un exceso de grasa cuando ésta le comporta un riesgo sobreañadido para la salud
tanto factores ambientales como genéticos. Entre los factores ambientales se incluyen aquellos del ambiente físico, económico y sociocultural que conllevan a un superávit calórico, como consecuencia del descenso de la actividad física y el aumento del ingreso calórico. El sedentarismo es un factor clave en la reducción del gasto calórico que se ve reflejado en un aumento del tiempo que los niños y adolescentes pasan frente al televisor, en juegos pasivos y/o en la computadora, descendiendo el tiempo que destinan a las prácticas deportivas o a la recreación El alto consumo de productos de alta densidad energética y elevado contenido de grasas, con azúcar o sal, contribuyen en forma importante a la ingesta energética total y a la creciente prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil.
psicológica es tal vez una de las consecuencias a corto plazo de mayor impacto en los niños y adolescentes obesos. Una revisión sistemática informó que los niños obesos fueron más propensos a experimentar problemas psicológicos y psiquiátricos como la baja autoestima y la disconformidad corporal (Dietz W. 1998), y que el riesgo es mayor en las mujeres y aumenta con la edad (Reilly J.2003). Otra consecuencia a corto plazo es la presencia de factores de riesgo cardiovasculares: tales como hipertensión arterial, dislipemias, anomalías en la masa ventricular izquierda, hiperinsulinemia y/o resistencia a la insulina El impacto socioeconómico de la obesidad en la adolescencia/juventud es considerable, pero poco conocido. Estudios evidencian que el exceso de peso influye desfavorablemente en el nivel de ingresos y en los logros educativos de los jóvenes obesos (Reilly J. 2003).