excesivo de grasa corporal, como consecuencia de un ingreso calórico superior al gasto energético del individuo. Así, la obesidad no es definida a partir de la ganancia de peso, sino a través del tamaño de uno de sus componentes: el tejido adiposo. Y se considera que un individuo tiene un exceso de grasa cuando ésta le comporta un riesgo sobreañadido para la salud
más que encabeza la lista, con el 38,2% de la población mayor de 15 años con obesidad. México ocupa el segundo lugar con el 32,4% de la población y Nueva Zelanda le sigue, con el 30,7%. En el país latinoamericano, las tasas de obesidad son más altas entre las mujeres que entre los hombres, para un promedio del 19.5%, según el reporte de la OCDE. Las proyecciones a largo plazo para esa nación sugieren que los niveles de obesidad aumentarán hasta 2030, como también ocurre en otros países como Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Francia y España.
Hace unos años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Imperial College de Londres realizaron otro estudio sobre la obesidad en 200 países. Hallaron que la región con la tasa más alta de obesidad entre los adultos estaba en la Samoa Americana, seguida de otras islas en el Pacífico Sur. México ocupaba el lugar 40 y Estados Unidos, el 30.
y adolescentes obesos (de cinco a 19 años) creció rápidamente en las últimas cuatro décadas, según la OMS. La isla de Nauru tiene la tasa más alta de niños obesos: aumentó del 16,4% al 33,4% entre 1975 y 2016. En México, por su parte, aproximadamente el 13% de los niños son obesos y el 35% están clasificados con sobrepeso.
porcentaje de personas con obesidad en México pasó de 71.3 a 75.2%. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2018, actualmente 3 de cada 4 personas adultas del país vive con esta condición. En 2018, 8.6 millones de personas señalaron vivir con diabetes (10.3% de los encuestados), lo que representa un aumento de 2.2 millones respecto de 2012.
tanto factores ambientales como genéticos. Entre los factores ambientales se incluyen aquellos del ambiente físico, económico y sociocultural que conllevan a un superávit calórico, como consecuencia del descenso de la actividad física y el aumento del ingreso calórico. El sedentarismo es un factor clave en la reducción del gasto calórico que se ve reflejado en un aumento del tiempo que los niños y adolescentes pasan frente al televisor, en juegos pasivos y/o en la computadora, descendiendo el tiempo que destinan a las prácticas deportivas o a la recreación El alto consumo de productos de alta densidad energética y elevado contenido de grasas, con azúcar o sal, contribuyen en forma importante a la ingesta energética total y a la creciente prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil.
psicológica es tal vez una de las consecuencias a corto plazo de mayor impacto en los niños y adolescentes obesos. Una revisión sistemática informó que los niños obesos fueron más propensos a experimentar problemas psicológicos y psiquiátricos como la baja autoestima y la disconformidad corporal (Dietz W. 1998), y que el riesgo es mayor en las mujeres y aumenta con la edad (Reilly J.2003). Otra consecuencia a corto plazo es la presencia de factores de riesgo cardiovasculares: tales como hipertensión arterial, dislipemias, anomalías en la masa ventricular izquierda, hiperinsulinemia y/o resistencia a la insulina El impacto socioeconómico de la obesidad en la adolescencia/juventud es considerable, pero poco conocido. Estudios evidencian que el exceso de peso influye desfavorablemente en el nivel de ingresos y en los logros educativos de los jóvenes obesos (Reilly J. 2003).