mis sueños”, me respondió. “Representa todo para lo que me he estado preparando durante cuarenta y cinco años”. “Si es así, coge un avión y preséntate en persona”, le dije. “No hace falta”, me respondió. “Los tres finalistas volarán allí para la entrevista final”. “Escucha”, le dije, “si quieres ser uno de los tres finalistas debes destacar haciendo algo inesperado. Vuela de costa a costa inmediatamente y preséntate en persona. Así es como te harás notas. Si tengo la mira en algo, voy a por todas para asegurarme el éxito. Sugerí a Alex lo siguiente: “Averigua todo lo que puedas sobre las personas que van a decidir”, le aconsejé. “Entérate de sus interés, sus aficiones, la de sus hijos, parejas, vecinos, ect. Mándales libros, artículos, regalos y otros recursos que pudieran interesarlos. ¿Es pasarse un poco? Claro que sí, pero esa es la cuestión. Sabrán que intentas hacerles la pelota, pero apreciarán tus agallas y creatividad; desde luego te vas a ganar su atención y muy probablemente su respeto”. Continúe diciéndole: “haz averiguaciones sobre toda la gente de la organización. Elabora una lista y compruébala con tu propia red de contactos para ver si conocen a alguien que pudiera conocer a alguna persona de esta organización. Busca nada nombre en tu base de datos LinkedIn. Encuentra algunas personas con las que ponerte en contacto. Habla con ellas y pídeles que te recomienden. Utiliza el teléfono, fax, correo electrónico, mensajes de texto, Twiter, Facebook, ect mientras continúa el proceso de selección. ¿Podría resultar demasiado agresivo? ¡Por supuesto que sí! Pero en mi experiencia he aprendido que si eres demasiado agresivo en general pierdes una oportunidad de cada cinco, ¡pero te quedas con las otras cuatro!”. Por cierto, Alex no siguió mis consejos y no consiguió el trabajo. Ni si quiera llegó a los tres finalistas. Puedo decir, sin medio a equivocarme, que era un candidato mucho mejor que el que contrataron, pero Alex no causó impresión y eso le costó el trabajo de sus sueños. Rinda más de lo que se espera de usted Encuentre el límite de una expectativa y supérelo, aunque se trate de algo insignificante (o quizás es ahí donde debe aplicarlo especialmente). Por ejemplo, cuando asisto a un evento, no importa cuáles son las normas de etiqueta requeridas, siempre opto por mejorarlas. Si tengo dudas sobre el atuendo, siempre opto por mejorarlas. Si tengo dudas sobre el atuendo, siempre prefiero pecar de ir más elegante de lo que exige la ocasión. Sencillo, lo admito, pero es otra manera para mí de ser coherente con mis convicciones para siempre actuar y ser mejor de lo que se espera de mí. Cuando preparo discursos para grandes empresas, paso una cantidad de tiempo preparándome y aprendiendo sobre la organización: productos, mercados y lo que esperan de mi charla. Mi meta es exceder considerablemente sus expectativas y sólo se consigue con una preparación incansable. Superar las expectativas llega a ser una parte importante de la reputación. La reputación de optar por lo excepcional multiplica más los resultados en el mundo de los negocios. De todos los extraordinarios personajes que han figurado en la portada de SUCESS, Steve Jobs es uno de mis favoritos. No importa lo que esperes del lanzamiento del siguiente producto de Apple, Jobs siempre tiene un pequeño (o gran) elemento extra para impresionar. Comparado con otras acciones mayores, puede tratarse de una diminuta adición, pero aún así, es mejor de lo esperado y multiplica la impresión y la reacción de los clientes, fomentando su lealtad. EN un mundo en que la mayor parte de las cosas no cumplen las expectativas, usted puede acelerar los resultados de forma significativa si se destaca del resto aportando más de lo esperado. Rober Schuller dijo: “ninguna idea merece la pena a menos que inspire una expresión de gran sorpresa”. Página | 46